UE y TLCs

La UE y el Comercio Internacional

En octubre de 2006 la Unión Europea (UE) anunció una profundización de su estrategia de política comercial con el lanzamiento del documento “Una Europa Global: Compitiendo en el Mundo”, el cual plantea nuevas metas para su política de comercio exterior buscando de manera agresiva una completa desregulación de los mercados a favor de las grandes corporaciones europeas y plantea como mecanismo principal para llegar a sus objetivos la firma de Acuerdos de Libre Comercio (TLC) con diferentes regiones y países del planeta.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) es el organismo internacional que se creó en 1995 para negociar una progresiva liberalización del comercio en todo el mundo. Más de 150 países forman parte de este organismo, que funciona a base de Rondas multilaterales donde los países integrantes negocian diferentes aspectos del comercio con el objetivo de llegar a una apertura total de las relaciones comerciales mundiales. La última Ronda, la de Doha, donde se negocia la liberalización de la agricultura y los servicios, está desde 2001 negociándose y lejos de cerrarse puesto que, después de muchos años sin hacer sentir su voz, los países empobrecidos reclaman un trato justo y un sistema comercial que no sólo beneficie a las grandes potencias comerciales, como hasta ahora ha sido el caso.

Ante este contexto, las grandes potencias, como la UE o Estados Unidos, han iniciado negociaciones comerciales bilaterales con diferentes regiones.

¿Qué es un TLC?

El instrumento que la estrategia “Europa Global” propone para conseguir sus fines son los Tratados de Libre Comercio: acuerdos comerciales regionales o bilaterales (entre dos países o regiones) para ampliar el mercado de bienes y servicios entre los países participantes, que, básicamente, consiste en la eliminación o rebaja sustancial de aranceles en los intercambios.

El objetivo es la máxima liberalización comercial, incluyendo servicios y la desregulación de las inversiones. Esto significa una reducción del poder político de los gobiernos (las instituciones que la población escoge democráticamente) para dar paso a una mayor libertad de decisión de los agentes económicos, las corporaciones transnacionales.

Actualmente se priorizan los beneficios económicos empresariales en detrimento de los derechos humanos y el bienestar de las personas y del medio ambiente.

Los EPA (Economic Partnership Agreements) y los AdA (Acuerdos de Asociación) son dos ejemplos de estos TLCs que la Unión Europea está negociando.

EPAs

Los Acuerdos de Asociación Económica o Economic Partnership Agreements (EPAs) se negocian con seis regiones de África, el Caribe y el Pacífico (ACP). Su objetivo es reemplazar los antiguos tratados del Acuerdo de Cotonou del 2000 entre la UE y los ACP porque no se ajustan a las leyes de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Deberían haber sido firmados todos ya puesto que en 2008 expiraba el plazo para ser reemplazados, pero la idiosincrasia de estos EPA ha hecho que crezcan reticencias en todas partes contra ellos, ya que imponen condiciones comerciales difíciles de aceptar por los países más empobrecidos.

Pese a ello, la UE los presenta como acuerdos centrados tanto en la liberalización comercial como en el desarrollo de las regiones. Se supone que estos EPA otorgan condiciones comerciales preferenciales a los países ACP para que puedan vender sus productos mejor a la UE, pero en realidad acaban quedando fuera de estos tratados los productos europeos más sensibles mientras que los mercados ACP se abren totalmente en todos los sectores.

AdAs

Los acuerdos de asociación (AdAs) son una de las estrategias que utiliza la Unión Europea para relacionarse con otros países. Un acuerdo de asociación no es sólo económico, sino que también tiene dos pilares más: el político y el de desarrollo. No obstante, el pilar comercial suele ser el que más horas de negociación conlleva porque es en sí mismo un Tratado de Libre Comercio (TLC).

Este pilar acaba imponiéndose como el más importante ya que su objetivo final es crear un área de libre comercio entre la Unión Europea y la región o país con el que ese acuerdo de asociación se esté negociando. Tanto es así que los pilares de diálogo político y desarrollo suelen ser vistos como un añadido que utiliza la UE para presentarse como un socio más diplomático que los Estados Unidos, conocido por su dureza en las negociaciones comerciales.

La UE ya ha firmado varios AdAs, como el que tiene suscrito con Chile, o el de México. En la actualidad la UE está negociando diversos AdAs con diversas regiones como América Central. Los AdAs van más allá de la liberalización comercial de bienes y servicios e incluyen los llamados, en los términos de la OMC, “temas de Singapur”, es decir, acuerdos sobre inversiones, política de competencia o compras públicas (gubernamentales). Esto implica graves consecuencias para los servicios básicos como el agua o la electricidad, ya que se insta a privatizarlos y a que, una vez privatizados, las transnacionales europeas puedan competir por controlarlos en igualdad de condiciones que las empresas del país.

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