Nueva estrategia comercial europea: comercio, ¿crecimiento y solución a la crisis?

23 11 2010

El pasado 15 de noviembre de 2010 se celebró el Diálogo entre el Comisario Europeo sobre Comercio, Karel de Gucht, y la Sociedad Civil en Bruselas. El diálogo se centró en la nueva estrategia  que el Comisario que presentó el 9 de noviembre “Comercio, crecimiento y asuntos globales”.

El diálogo tenía que reunir distintos grupos representativos de la sociedad civil europea, pero desgraciadamente la mayoría de los grupos resultaron ser asociaciones empresariales europeas, con unos intereses comerciales a defender y con un marcado carácter de lobby. Las agrupaciones más cercanas a la sociedad civil fueron alguna ONG como Médicos Sin Fronteras.

Ante esta representación es fácil pensar, que las propuestas y preguntas que realizaron estos grupos, fueran muy encaminadas con la idea de Karel de Guch “ el comercio como instrumento para salir de la crisis”. El diálogo se centró en: crecimiento económico con la apertura del mercados de terceros países, los acuerdos comerciales, la protección jurídica de las empresas europeas, la Inversión Directa Extranjera (IDE), los Tratados de Libre Comercio, la reducción de barreras arancelarias y no arancelarias (NTBs) y concluir con la Ronda de Doha.

No hubieron propuestas que fueran encaminadas hacia alternativas comerciales que potenciaran las redes económicas locales y regionales de los países empobrecidos. En todo caso en palabras de Karel de Gucht “el comercio siempre nos ha aportado prosperidad, además tiene resultados positivos en otros países, como la mejora de las condiciones laborales de los trabajadores como resultado de las preferencias comerciales de la Unión Europea”. Así pues, según la Comisión Europea el comercio es el motor para el desarrollo de los países empobrecidos, porque además de potenciar sus exportaciones en Europa, también mejoran los estándares laborales, medioambientales y la protección de los derechos humanos como requisitos europeos para la entrada de sus productos a la Unión Europea. Lo que no dice el señor de Guch es que la producción de alimentos y de manufacturas europeas y las de los países empobrecidos  es totalmente asimétrica. La Unión Europea cuenta con medidas proteccionistas como la Política Agraria Común (PEC), subsidios en la producción agrícola europea, que dificulta la entrada de producción agrícola proveniente otros países. Y su producción manufacturera es más competitiva puesto que los costes de producción son más bajos. En cambio, los países empobrecidos están desnudando sus medidas proteccionistas, cuando se sabe que toda gran economía se ha creado con una inicial protección de su producción. Se encuentran con muchas dificultades a la hora de colocar sus productos, además se les exigen unos estándares de calidad muy altos para que sus productos puedan acceder al mercado europeo. Todo son dificultades para los países empobrecidos y ventajas para la Unión Europea.

Otro tema que ha salido en el Diálogo ha sido la aprobación de los Acuerdos de Asociación (ADAs) con Perú, Colombia y Mercosur y los Acuerdos de Asociación Económica (EPAs) con los países africanos, caribeños y del Pacífico (ACP). Todos los esfuerzos se están centrando para poder ratificar o concluir con las negociaciones para instaurar estos acuerdos que no dejan de ser tratados de libre comercio, como los que ha aprobado los Estados Unidos con varios países de América Latina. Frenar estos acuerdos parece muy difícil, pero en este momento se cuenta con una ventaja que no se tenía hace unos años y es que desde la aprobación del Tratado de Lisboa de la UE, todo acuerdo comercial o tratado, para su aprobación, se tiene que contar con el visto bueno del Parlamento Europeo. Es una medida que se incluyó en este tratado para dar transparencia y la necesaria democracia a la Unión Europea. Aún así, desgraciadamente el Comité INTA (el Comité sobre Comercio Internacional dentro del Parlamento Europeo), en constante diálogo con el Comisario de Comercio Karel de Guch, mayoritariamente está de acuerdo con sus políticas, y por tanto con la ratificación de los acuerdos comerciales. Pero ahora ya es más fácil hacer llegar la voz de los que no están a favor de estos tratados en el Parlamento Europeo.

Para finalizar, en este Diálogo entre el Comisario de Comercio y la Sociedad Civil no faltó hablar sobre la conclusión de la Ronda de Doha, dentro de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Para Karel de Guch “Llegar a un acuerdo final sobre Ronda Doha es de vital necesidad para continuar legitimando la OMC”. Está prevista una Reunión Ministerial en el próximo año para discutir sobre la liberalización de la agricultura y de los servicios, que son las temáticas que están bloqueando las negociaciones de Doha. Esta Reunión Ministerial, por supuesto, no incluye representantes de la Sociedad Civil y por lo tanto, no se harán escuchar las voces disonantes con la OMC y las otras instituciones financieras internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).

Marina Morales, politóloga y colaboradora del grupo de trabajo de políticas comerciales de SETEM






Predicar solidaridad y sembrar pobreza

7 07 2009

Anna Fernández, técnica de la campaña “No a los Acuerdos de Asociación (AdA) entre Europa y Centroamérica” de SETEM-Catalunya

Sin redundar en la poca legitimidad que tiene el G8, un grupo de 7+1 representantes mundiales, para marcar las pautas económicas en un mundo, constituido por 193 estados reconocidos internacionalmente, que ha sido conducido a una crisis sistémica, querríamos hacer un par de reflexiones sobre el papel del Estado español en este escenario.

Para empezar, los ingredientes que han venido proponiendo esta minoría de élite para “vitaminar” el panorama internacional, han presentado un plato en la mesa bien chamuscado: crisis alimenticia, crisis energética, crisis financiera … esta receta está indigestando el planeta. Y ahora en Italia, cuna gastronómica histórica, piensan en redescubrir la sopa de ajo, y encontrar la fórmula mágica que acabe con el hambre, la crisis y el cambio climático.

Y el presidente Zapatero ha sido invitado a estas clases de cocina, con el espíritu de instruir al personal sobre seguridad alimentaria y reclamar activamente más ayuda al desarrollo… cuesta de tragar esta dosis de buenas palabras cuando, esta misma semana, paralelamente a la cumbre del G8, se habría estado celebrando en Bruselas la última ronda de negociaciones de los Acuerdos de Asociación (AdA) entre la Unión Europea y Centroamérica. Los dolorosos acontecimientos en Honduras han suspendido temporalmente esta última ronda de negociaciones, que se auguraba definitiva y que finalizaría con unos acuerdos firmados.

Unos acuerdos, así como los que la Unión Europea está negociando con África, que provocarán impactos como la pérdida de soberanía alimentaria de los latinoamericanos y africanos, quienes se convertirán en dependientes de los alimentos que la UE les exportará; la precarización del derecho laboral, para favorecer la inversión de empresas transnacionales, la liberalización y privatización de servicios públicos en manos de empresas europeas que podrán acceder a concursos públicos en Estados latinoamericanos y africanos; la explotación de recursos naturales y biodiversidad para incentivar nuevas inversiones de la industria extractiva… En definitiva, lo que buscan estos acuerdos es priorizar los derechos de las empresas por encima de los de las personas, o incluso los Estados.

Y a nadie se le escapa el interés geopolítico e histórico que tiene el Estado español en Latinoamérica, y el mercado estratégico que se abre a África, lo que nos puede hacer imaginar qué papel protagonista está ejerciendo en las presiones para firmar estos acuerdos con la mayor celeridad posible.

Será la distancia que hay entre l’Aquila, en Italia, y Bruselas, en Bélgica, que hace que en el Gobierno español se permita emitir discursos tan contradictorios y posturas tan hipócritas. No se puede predicar solidaridad y sembrar pobreza. La ciudadanía asiste al espectáculo mediático del G8, con titulares esperanzadores para el futuro del planeta. Pero detrás de las bambalinas lo que se cuece son preacuerdos para concluir la Ronda de Doha en los próximos meses y cláusulas para negociaciones comerciales que siguen estrictamente los preceptos neoliberales, que lejos de la calidez de las palabras bienintencionadas, calientan el planeta y queman los derechos sociales de la mayor parte de la población mundial.








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